SI pero NO…

¿Cuantas veces hemos dicho SI cuando queríamos decir NO?

Y ¿te has dado cuenta de que lo haces por cobardía en la mayoría de ocasiones? lo haces porque no te atreves a afrontar tus miedos a lo que van a pensar de ti, a que te puedan dejar de querer, a sentirte mala persona, egoísta y un largo etc de creencias, la mayoría de veces imaginarias…..

La mayoría de las veces no son los demás los que nos limitan sino que somos nosotras mismas porque acaba resultando más cómodo decir que SI y eso nos mantiene en la zona de confort. Cuando decimos SI creemos que nos van a querer más, a valorar mejor, a ver mejores personas, más generosas y, sobre todo, no requiere dar explicaciones de porque no, ni afrontar el momento tirante de decir NO. Ni necesitas enfrentarte a lo incómodo de sentirte mala o egoísta. Dices SI cuando quieres decir NO y parece que todas contentas ¿Si? Pues NO, porque si te paras a sentir, esos Síes se clavan en el cuerpo y en el alma, se sienten como una traición a una misma, se sienten como que los demás se aprovechan de ti, se sienten como juicios a los demás en forma de que vaya cara dura tienen, en forma de son unos tal o unos cual…. Cuando la verdadera realidad es que eres tú quien ha cedido y quién ha dicho SI cuando querías decir NO. Entonces ¿a quién prefieres traicionar? ¿a la idea que tú tienes de lo que van a pensar de ti si dices NO o a ti misma?

Y no hablo de mirar por ti y solo por ti. Hablo de que te sientas dueña y responsable de tus acciones. Y que cuando digas SI lo hagas desde el corazón y no desde tus miedos.

 

 

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El dolor no es tu enemigo

“El dolor es una de las fuerzas más poderosas que nos pueden afectar, forma parte de nuestra existencia y de lo que significa ser humano. Puede convertirse en el reto más grande al que nos enfrentemos a lo largo de nuestra vida y, muy a menudo, es un factor determinante a la hora de definir nuestro comportamiento y nuestra experiencia. Pero es también un poder que aumenta nuestra consciencia y constituye una motivación esencial en nuestra forma de aprender, evolucionar, adaptarnos, crear o hallar nuevas soluciones para dificultades y problemas, o en nuestra capacidad para aprender de los errores. El dolor nos humaniza, nos da profundidad, nos aporta humildad y nos hace apreciar la vida, ya que nos recuerda que podemos perderla.

El dolor nos alerta indicando que nuestro cuerpo requiere atención o un cambio, o que necesita algo, y por eso es necesario para nuestra supervivencia y nuestra existencia. El dolor actúa como una frontera que no debemos cruzar, y nos muestra los límites más al la de los cuales podemos hacernos daño o morir. Al formar parte del esfuerzo que hace el cuerpo para estar sano, el dolor se convierte en una experiencia corporal necesaria y natural”- Texto extraido del libreto “Transformar el dolor”